
Te busco en mi pensamiento, el polvo etéreo al fin, es lo primero que pisamos y lo último que rescatamos. Te he visto a capa y espada entre el barro sanguinolento y el plomo fulminante.
Te he visto como rey justo y venerable, como mi salvador del pronto atropello.
Y el ardiente óxido respiro entre vapores en la desolación y olvido del mundo. Que el mundo siga olvidando, yo no soy el mundo, seré al fin contento cuando lo seas y sonreir será tan corriente.
Danos esa Dios, no nos pierdas. Entre las yermas y resecas piedras castigadas de espinas y colillas la Cruz procede. ¡Ay, un bálsamo!
Y después te recito:
Veo desde dentro el páramo inexplicable
Y las casas derruidas solamente permaneciendo
Las risas vanas y ahogadas,
risas sin contraste, secas como membranas
El sopor ineluctable destina nuestras falanges
El sol tan presente y reinante
Como nunca más ausente
Te veo como un horizonte y luego cerca,
Te abrazo y nunca te soltaría como
éstas mis fibras internas, que
viven tan ligadas a tus entrañas
Que me hablaste de potestades y consejos,
de traiciones, resurrecciones y caídas
Tomaré, si las tomo, solamente tus palabras,
aunque te haya negado como Pedro a mis adentros,
aunque sufra, quiero sublimarme con vos.
Qué bueno que estás un poco más cerca.
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