
No adivinarías que mi devenir
tan ingrato rinde exequias
por otro día más, uno más.
Me separé del yugo tan hermoso
hace tiempo, lo bien que hice.
La seca garganta no deja
De cantar imbéciles poetas
mientras mi boca nada
entre caballos que no comprenden
...Y yo que alguna vez
Quise vivir como Liszt
y morir como Sócrates.
Las veces que la inhiesta
envidia se apoderó de mí
y no la ví, y morí.
Las veces que a tientas
mis manos te buscaron
y lo perdí todo, me perdí.
Las veces del lobo
y las veces del hombre,
Mi hocico, mis garras.
Y el reloj riendo
Ya lo decía.
Y mirando
Desde alturas
me aburriste
Como esa
Piedra.
Y Rimbaud decía: ``¡El canto de los cielos, la marcha de los pueblos! Esclavos, no maldigamos la vida``
No la maldigamos empero,
No le agradezcamos la correosa
lengua de gigantes que nos miran.
No la maldigas paladín,
que cierto es tu botín:
Que esa firme escarcha
crecerá en la bruma
de la deidad humilde
y será pequeña.
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