Por Edgardo Allan ''huelo muy bien'' Poett.Entró soberbio con su golpe de bastón.
¿Caminaba? No, se deslizaba.
El parqué encerado lo llevó hasta el salón
iluminado por las múltiples candelas.
Su galera de un gris incierto hacia el perchero voló,
y su rostro surcado por el paso de los tiempos
reflejaba las mil muecas del infierno:
Impresión daba de pesadillas y malos sueños
que cuando niños nos atormentaban.
¿Parecía agónico? Tal vez, muerto aún no.
¿Dije ofuscado? Puede ser, peso no tal cosa
todavía, él sabía que ciertos lujos
ya no le serían permitidos esos días.
Buscó por la mansión, el pobrecillo,
botellas de contenidos inciertos,
aunque solamente (que no es poco)
encontró opio y ajenjo: la faz se le iluminó.
``¡Menuda suerte!`` Exclamó sonriente.
Encendiéronse los sahumerios heridos
por las figuras de fuego danzantes.
En tal clima sorbía de la esencia
de la verde hada errante, recitando:
``las ramas enredan mis rejas,
Los árboles lejos, no se dejan``.
Desafiante entonces, diose vuelta
y reprochó su flojera ante tal amorío.
Temerario a la vez, jactóse y aguantó
aquella inerte y sulfúrica poción.
Pero esa noche no fumó.
¿Caminaba? No, se deslizaba.
El parqué encerado lo llevó hasta el salón
iluminado por las múltiples candelas.
Su galera de un gris incierto hacia el perchero voló,
y su rostro surcado por el paso de los tiempos
reflejaba las mil muecas del infierno:
Impresión daba de pesadillas y malos sueños
que cuando niños nos atormentaban.
¿Parecía agónico? Tal vez, muerto aún no.
¿Dije ofuscado? Puede ser, peso no tal cosa
todavía, él sabía que ciertos lujos
ya no le serían permitidos esos días.
Buscó por la mansión, el pobrecillo,
botellas de contenidos inciertos,
aunque solamente (que no es poco)
encontró opio y ajenjo: la faz se le iluminó.
``¡Menuda suerte!`` Exclamó sonriente.
Encendiéronse los sahumerios heridos
por las figuras de fuego danzantes.
En tal clima sorbía de la esencia
de la verde hada errante, recitando:
``las ramas enredan mis rejas,
Los árboles lejos, no se dejan``.
Desafiante entonces, diose vuelta
y reprochó su flojera ante tal amorío.
Temerario a la vez, jactóse y aguantó
aquella inerte y sulfúrica poción.
Pero esa noche no fumó.
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