Por Segismundo Astrada.El auriga espolea el corcel, polvo y sangre, sudor y viento, voces y lamentos, fuegos crepitantes. Todo fugaz pasa a su lado.
No, no se detendrá, el lancero atrás del carro, pica con el terrible bronce a quienes se atreven. El látigo sin piedad, cumple su cometido sobre las jadeantes y nobles bestias.
No es gracioso, no. Ambos quieren salvar el día y quemar en las piras a sus héroes, cobijarse con alguna cautiva y ser celebrado por capitanes y recordados al son de las liras.
El suelo nórdico y helado bebe sediento la ofrenda del enemigo caído; Odín, Thor, Crom, Balder… todos levantan los cuernos de la abundancia y se regocijan en el Más Allá.
Ya los druidas y chamanes preparan la liturgia para el sacrificio, y así celebrar la partida de las ánimas al Valhalla.
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