sábado, 27 de junio de 2009

Ares

Por Pam Grier.

La chispa lo desató, restalló en mil pedazos la fragilidad de esa tenue paciencia. Con ira demencial, arrebatando cuerpos y resistencias el momento colapsó. El aire se tornó denso y masticable, escombros de lenguaje ladrábamos, la implacable batalla se liberó para complacencia del homicida Ares, que se regodea en la carne sanguinolenta.

Era pura exuberancia, algo en definitiva, hermoso. Una desproporción física superada por un deseo de extinción definitiva. Embriagados de furia, inyectados de belicosidad, el fin era inminente para los titanes, aunque ese día la Parca no se presentó.

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